Eppur si muove (y sin embargo se mueve) es la polémica frase que según la tradición Galileo Galilei pronunció después de abjurar de la visión heliocéntrica del mundo ante el tribunal de la Santa Inquisición.
Desde un punto de vista simbólico, sintetiza la tenacidad de la evidencia científica frente a la censura de la fe, la quintaesencia de la perseverancia del científico ante las convenciones por autoridad. Ya que la Inquisición condenaba a muerte a Galileo si no se retractaba de que la Tierra no giraba alrededor del Sol sino al revés, algún escriba presente apuntó que después de aquel juicio, Galileo siguió pensando: eppur si muove

miércoles, 24 de abril de 2013

Una reflexión sobre nuestra realidad como país.

  
   Hoy estaba leyendo una nota sobre nuestro comportamiento en Facebook y Twitter en La Nación y entre los comentarios me encontré con este que me pareció interesante como una crítica a nuestro país.
Si agregamos esta nota al gran tema que es la mentira como estrategia de argumentación, la política como espectáculo no hacemos más que profundizar nuestra decadencia. Que se nota más que la de los países desarrollados por los proyectos que tenemos como nación. O sea ninguno que pueda ser valorado más allá de un voluntarismo ingenuo en los ámbitos dela justicia social, democratización de la justicia, subsidios in eternum, etc, etc...Mientras hay empresas y países que lanzan la conquista de Marte.....Unos están en el futuro y otros como nosotros revolviendo m.... para siempre hacer nada. Esto incluye sobre todo a los empresarios...esos que solo saben comprar por 2 y vender por 4, como decía Belgrano..o sea estos no es de ahora, solo estamos recogiendo lo que hemos sembrado. Seguramente en el 3000 si estamos en el mapa (recordar a Tato Bores) estaremos pidiendo derechos sobre Marte por el solo hecho de ser humanos.....

   Este es un país estancado en una burbuja temporal, mientras que el mundo desarrollado ingresa al siglo XXI nosotros nos regocijamos en perpetuarnos en los años 70s. Aquellos que se vieron vencidos en manos de la dictadura hoy buscan vengarse y retomar las ideas de 30 años atrás, no logran superar un doloroso trauma de su historia. Gracias a este luto eterno, no hay lugar para la modernidad. Una cosa es la memoria y otra muy distinta es la obsesión.
 
   En tecnópolis se muestran con orgullo los "adelantos" de la ciencia Argentina, como aviones de los años 50s, programas nucleares estancados hace décadas, y otros adelantos ya alcanzados muy anteriormente por el mundo desarrollado. Por supuesto en el medio de la paja algo de trigo hay. Gente capaz sobra, sobre todo gente con ganas de hacer cosas, pero la cultura egocentrista de la sociedad Argentina (en todos los niveles, tanto el pobre como el rico como el de clase media son egocéntricos) lleva a que se desperdicien sistemáticamente todas y cada una de las oportunidades

  La Argentina es un país atrasado, puede avanzar pero siempre atrás de las grandes potencias que hace años entendieron que si un proyecto de país muere cada vez que se cambia de presidente la cosa no avanza hacia ningún lado. Nunca es tarde para empezar de cero, pero si lo hacés una y otra vez siempre estarás en cero. En materia de Industria, Ciencia y tecnología el desarrollo es acumulativo. Una tecnología sirve de base para la siguiente y así sucesivamente. Si no tenemos base, no tenemos nada, y por lo tanto se hace muy difícil competir. Mientras que en China se fabrican leds, en Argentina nos contentamos con fabricar la caja de cartón en la que se lo embala, colocarle el cable y jactarnos de que fue producido en Tierra del Fuego. Y pobre de aquel que se atreva a señalar el poco valor que tiene esto, pues inmediatamente será considerado un traidor a la patria.

  Somos un país rico en recursos, pero pobre en ideas e inoperante a la hora de ejecutarlas. No existe ni existió nunca en nuestro país, en ningún gobierno democrático o de facto, un proyecto a largo plazo,  independiente de la bandera política de los gobernantes de turno y de las modas económicas y políticas del momento. Siempre vamos en busca de un mesías, un rey Arturo que saque la espada de la roca y nos dirija hacia la conquista de tierra santa (que tenemos merecida porque, por supuesto, los argentinos somos los mejores del universo). Y así vemos pasar figurita tras figurita, promesa tras promesa. Cada uno que pasa deja poco y se lleva mucho, o deja mucho y se lleva casi todo. Lo único que no queda, sin embargo, son ideas a largo plazo. Está esa cuestión de "tené mucho miedo, porque mientras esté yo va a estar todo bien, y si yo me voy se viene el apocalípsis". Siempre gobernar con el miedo, lo único que se hace es mutar el miedo. Miedo a quedar afuera, a perder lo que se ganó, incluso mido a perder la libertad o la vida. El poder de turno elije el tipo de miedo que mejor se le ajusta y lo transmite a la sociedad, a veces de forma sutil, a veces de forma vulgarmente explícita. Incluso se llega al extremo de disfrazar el miedo de amor.

   Pero eso sí, pese a todas nuestras falencias nos seguimos sintiendo la nación elegida. Dios se equivocó cuando dicto las escrituras, cuando dijo que Israel era el pueblo elegido en realidad quizo decir los argentinos, quien podría acaso poner en duda nuestra superioridad?. Nos reímos de la crisis europea, porque no entendemos que el más pobre de Europa es rico comparado con los pobres de Argentina, los problemas que tienen ellos son otros. Esto es el tercer mundo, esto es África. Ellos tienen problemas del siglo XXI, mientras que nosotros tenemos problemas del siglo XIX. Y la falta de humildad y autocrítica perpetúa la situación. Vivimos queriendo imponer nuestra verdad a toda costa. Y mientras seguimos arrancándonos los ojos por las migajas y conformándonos con que nuestros pobres no mueran de hambre y frío (en el sentido mas literal) las oportunidades pasan, el tren se va y nos vamos quedando atrás.

   Hace poco me decían que es mucho mas sencillo decir en contra de qué está uno que decir a favor de qué estamos. Hoy me empieza a quedar más claro en favor de que estoy: quiero honestidad, transparencia, equidad entre la clase gobernante y la clase trabajadora -hacer política no debe ser un camino hacia el enriquecimiento, la política debe ser una cuestión de vocación-, cultura del trabajo, respeto por las libertades individuales y las opiniones de todos. El país es de todos, los poderosos no deben considerarse los dueños de la verdad, los pobres tampoco. O somos un país, o somos un grupo de tribus guerreando entre todos con palos y lanzas.

  Mientras sigamos pensando como hasta ahora, mientras sigamos actuando como hasta ahora, mientras sigamos mirando para atrás y para adentro en lugar de hacia afuera y adelante, vamos a seguir teniendo estos gobernantes, estos opositores, esta justicia, estos sindicalistas y estos medios.

L.S.